De Paseo al Zoológico

“¡Qué gran día!”, se dijo el robot mientras iba sentado en el autobús escolar junto a sus compañeras y compañeros rumbo al zoológico.

¡Siii, al zoológico!

No sabes cuánto tiempo estuvo Robby esperando para ese paseo escolar. El robot quería recordar ese día haciendo un álbum de fotografías, por ello, llevaba consigo una cámara instantánea y una riñonera en donde guardaría las fotos que iría tomando de los animales.

Cuando por fin llegaron al zoológico la maestra Pandy los hizo bajar del autobús en orden. Robby, al ver la entrada del lugar, quedó impresionado. Había un gran arco de metal que tenía unas inmensas letras que decían “ZOOLÓGICO”. Sin dudarlo le tomó una foto.

—Hola chicos, soy Ángela y hoy seré su guía dentro del zoológico —dijo una simpática halcón hembra que tenía puesta una gorra amarilla que decía “Zoo”—. Bueno, ¿quién está listo para comenzar?

Todos los estudiantes gritaron un fuerte “YOOO” que hizo reír al halcón. Ángela le hizo señas al grupo de estudiantes para que empezaran a caminar detrás de ella. Cuando entraron al zoológico Robby se maravilló.

En ese lugar había todo tipo de animales: felinos, reptiles y aves. Además, las especies tenían un espacio amplio que simulaba su habitad natural.

Robby, al verlos, comenzó a fotografiar a cada animal. Captó a camellos caminando, leones acostado, tigres bebés jugando, elefantes con sus crías y monos subiendo árboles. 

Las fotografías salían impresas de la cámara instantánea, así que las guardaba en su riñonera para mantenerlas a salvo. 

De pronto, Robby se fijó que había un gran letrero que decía: “NO PASAR” en frente de un camino que conducía a algún lugar. Curioso, preguntó a la guía qué había en ese lugar, a lo que ella respondió que por ese camino se llegaba al área de los cocodrilos, pero que por el momento no podían pasar a verlos, porque estaba en reparación las vallas de seguridad que rodeaban el pantano.

—Solo pueden entrar quienes están encargados de cuidar a los cocodrilos—dijo el halcón hembra.

Robby se decepcionó porque no iba a poder tener en su álbum de fotos una fotografía de los cocodrilos. Él en verdad quería tener una foto de cada uno de los animales que se hallaban en ese lugar.

—No tendré mi colección completa—se dijo a sí mismo el robot en voz baja. Pero, entonces, tuvo una idea, una peligrosa idea. 

Robby decidió entrar al área de los cocodrilos, tomar una foto con rapidez y salir sin que nadie lo viera. Para él esa idea era buena, pues así lograría tener su foto. Sin embargo, no tomaba en cuenta los riesgos de hacer tal acción.

Para llevar su plan a cabo primero debía alejarse del grupo de estudiantes. Por ello, esperó a que sus compañeras, compañeros, la maestra Pandy y la guía se alejaran de la zona y se entretuviesen en otras cosas para escabullirse hacia el lugar prohibido.

Cuando Robby se fijó que todos se alejaban y no notaban su ausencia salió corriendo hacia el camino que lo llevaría al área de cocodrilos, que para su supuesta suerte, en ese instante, no había nadie vigilando a los posibles intrusos.

Al llegar al final del camino vio un gran pantano rodeado de una reja. Robby pudo ver el gran agujero que tenía la reja en uno de sus lados. Por allí  podía pasar tranquilamente un cocodrilo, siendo así la cintas adhesivas que decían: NO PASAR lo único que lo podía detenerles el paso.

Robby, en ese momento pensó que tenía la oportunidad de tomar una foto muy de cerca a esos inquietantes reptiles. Así pues, en un momento de valentía o estupidez, pasó por el agujero sin quedar pegado en la cinta. Cuando estuvo dentro del área de cocodrilos empezó a caminar por los alrededores del pantano para encontrar a uno. De pronto, algo se movió en el agua.

¡Era un enorme cocodrilo!

El cocodrilo se encontraba sumergido en el agua y solo mantenía fuera de esta parte la cabeza para mirar al intruso, es decir, Robby. El reptil estaba mirándolo con sus ojos amarillos desde el pantano, como diciendo: “¿Me lo como o no me lo como? Mmm, mejor me lo como”

Era aterradora la escena, pero Robby lo vio como la oportunidad perfecta. Sin embargo, estaba algo lejos para tomar una buena foto, así que decidió acercarse hasta la orilla del pantano. 

¡Todo un temerario!

Cuando estuvo lo más cerca posible, llevó el visor de la cámara a su ojo y tomó una foto. La fotografía salió fenomenal, sin duda sería una de sus mejores fotos dentro de su álbum.

El robot estaba emocionado por ver la impresión de la foto que daría su cámara instantánea, pero ocurrió algo.

 Desafortunadamente, cuando la cámara soltó la fotografía, a Robby se le resbaló de las manos causando que ésta cayera en el agua del pantano y se mojará.

 En un acto desesperado para recuperar la foto, metió las manos al agua para agarrarla, sin embargo no lograba verla entre el agua verdosa, y los nervios. El robot no podía creer su mala suerte.

Como Robby estaba distraído buscando la foto no se había dado cuenta de que el cocodrilo se había acercado poco a poco hacia él. Así que cuando el robot alzó la cabeza, cansado de buscar, vio al cocodrilo. Estaba demasiado cerca, tan cerca que si estiraba por completo su mano podía tocarlo.

Y sin previo aviso, ZAAAS.

El reptil intentó morder a Robby, pero por suerte éste lo esquivó dando un gran santo hacia un lado. Lastimosamente, la riñonera en donde Robby guardaba sus fotos había sido alcanzada por la mordida del cocodrilo causando que todas sus fotografías acabaran en la boca del cocodrilo.

¡Qué desastre!

Robby estaba demasiado asustado, así que comenzó a gritarmientras se levantaba para salir corriendo del lugar. 

 Los cuidadores del zoológico escucharon los gritos y fueron a socorrer a Robby quien ya había salido del pantano artificial y estaba corriendo hacia la salida. Los encargados se acercaron al robot quien les gritó:

—¡Casi me muerde!, ¡casi me muerde!—se puso las manos en la cabeza y dijo—¡Las he perdido, las he perdido!

—¿Qué has perdido?, ¿había alguien contigo? —preguntó alguien de seguridad muy preocupado. Este le hizo señas a otro encargado para que fuese a revisar el pantano.

—¡Las fotos y mi riñonera, los he perdido a ambos!

El guardia de seguridad respiró aliviado porque el robot sólo hablaba de objetos, pero estaba preocupado por la situación, por ello, llevaron a Robby con los demás estudiantes.

En el camino el guardia le iba  diciendo que no debió entrar allí y le preguntaba el motivo de por qué lo había hecho, pero Robby no lo escuchaba, él solo pensaba en que un cocodrilo estuvo a punto de comerse sus circuitos. Entonces, se empezó a cuestionar: ¿Cómo pude ponerme en peligro por algo tan tonto como una fotografía? , ¿Acaso me he vuelto loco?

La maestra Pandy y la guía Ángela al verlo se aliviaron mucho, pues lo habían estado buscándolo por todos lados, pero la maestra Pandy notó lo consternado que estaba el robot, así que le preguntó con preocupación:

—Robby, ¿Cómo estás?,  Estábamos muy preocupadas

—Estoy asustado, pero a salvo. Lo siento maestra, he entrado al área de los cocodrilos cuando no estaba permitido porque quería tomarle una foto a un cocodrilo, no pensé en las consecuencias de mis acciones y, por poco, me muerde. Ahora, he perdido todas mis fotografías.

—¡Oh no!—la maestra Pandy estaba horrorizada de solo pensar en el gran peligro en el que se había metido.

Luego del incidente, Robby, quien ahora iba junto a la maestra Pandy, se sentía más calmado, pero andaba muy triste debido a que su cámara ya no tenía suficiente tinta para tomar las fotos que necesitaba para su álbum sobre el paseo escolar.

La maestra Pandy notó su tristeza y sintió pena, así que le preguntó:

—¿Qué te parece si antes de irnos tomas una foto de todo el grupo frente al zoológico?, ¿crees que puedas tomar otra foto?

—Eso creo—dijo Robby algo animado. Quizás había esperanza para un recuerdo.

Entonces, cuando estaban por irse todos posaron para salir en la fotografía, la cual fue tomada por un guardia del zoológico.

Mientras los y las estudiantes iban devuelta al colegio en el bus escolar, Robby iba mirando la foto. Sin duda, esa única foto sería un gran recuerdo de ese casi fatal día en el cual aprendió la lección, debía pensar muy bien antes de actuar, ya que de lo contrario esto podía llevarlo a situaciones muy problemáticas y peligrosas.

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