Explorando Mundos Literarios

En la hora del recreo Tanu el monstruo se encontraba rebotando un balón de basquetbol mientras buscaba con la mirada con quien podría jugar una partida, pero todos y todas parecían estar ocupados comiendo o jugando otras cosas.

Tanu pensó que, a lo mejor, si buscaba bien podría encontrar a alguien para jugar, por ello, comenzó a caminar por los alrededores con el balón entre las manos. “Debe haber alguien que si quisiera jugar conmigo”, se dijo.

Entonces, mientras caminaba, lo vio.

 Manny, el mapache, estaba sentado bajo la sombra de un gran árbol leyendo uno de sus libros. Estaba distanciado de los demás y parecía muy concentrado en su lectura. La verdad, no es la primera vez que el monstruito veía a su amigo leyendo en el recreo, pero él pensaba que era porque no tenía con quien jugar. Se animó mucho, creyendo que había encontrado su rival para el basquetbol.

Tanu se acercó al mapache y con voz muy alta lo saludó haciendo que el mapache se asustara, ya que no lo había visto llegar.

—Vaya susto me has dado—dijo el mapache colocando su mano sobre el pecho con los ojos muy abiertos

—Ja, ja, lo siento, solo quería decirte que vinieras a jugar básquetbol conmigo—dijo Tanu alegre a la vez que hacia girar el balón sobre su dedo índice como todo un experto.

El monstruito estaba seguro de que Manny aceptaría jugar con él, ya que pensaba que cualquiera preferiría jugar antes que estar leyendo un aburrido libro.

—Gracias Tanu, pero no quiero jugar básquet —dijo Manny con una sonrisa tierna. Y sin decir más, volvió a enfocarse en su libro.

Espera… ¿qué?, ¿entonces prefería leer antes que jugar con él? Tanu no lo podía creer, le sorprendió tanto la respuesta que se quedó mirando a Manny con la boca abierta.

—¿Cómo vas a preferir leer un aburrido libro que pasar tiempo con tu amigo?— preguntó indignado.

Manny suspiró y le respondió con tranquilamente:

—Estas equivocado, los libros no son aburridos, son muy entretenidos —respondió Manny— Estoy seguro que si te atrevieras a abrir uno te darías cuenta de ello.

—¡Por favor!, ¿Cómo puedes decir semejante cosa? —dijo Tanu con una mueca en su rostro que expresaba su disgusto.

Los libros para el monstruo no eran más que aburridos y sobre todo los libros de química. Nunca se imaginó leyendo un libro por su cuenta o por gusto ya que creía que no había nada interesante para él en ellos más que las imágenes.

Manny, al ver el disgusto de su amigo, comenzó a leer en voz alta lo que decía el libro para llamar su atención.

—“El guerrero, con su gran espada de oro, caminaba con cautela por los pasillos del castillo, pues de un momento a otro podría aparecer el horroroso ogro que le había robado todo lo que él amaba: su familia…”

Tanu escuchó las palabras de Manny más no se movió ni dijo nada, así que el mapache continuo.

—“Su pobre familia, cautiva en unas de las mazmorras del ogro, estaba deseando ser rescatada, ¡y así sería, debido a que el guerrero estaba decidido a pelear por ellos!. De pronto, el ogro apareció frente al guerrero con un gran mazo en su mano. Ambos se vieron a los ojos y alzaron sus armas para iniciar la batalla…”

Manny dejó de leer para ver la expresión de Tanu, pero cuando miro al frente no lo vio. ¿Acaso se había ido?

—¿Por qué te detienes?, ¿qué pasó con la batalla y qué es una mazmorra? —preguntó Tanu con mucha curiosidad sentado al lado de Manny con el balón en el regazo.

El mapache volvió a asustarse, pues como había estado leyendo, no lo vio cuando se sentó a su lado. Entonces, al ver que Manny no continuaba leyéndole comenzó a estirar el cuello para tratar de leer sobre el hombro de su amigo, pero el mapache lo apartó y cerró el libro.

—Lo siento Tanu, dentro de poco termina el recreo, así que no puedo seguir leyendo. Y, por cierto, una mazmorra es una prisión—dijo poniéndose de pie.

—¡¿Quééé?, ¿me vas a dejar con la duda?, ¿no quieres saber si el guerrero logra derrotar al ogro y salvar a su familia?!— Tanu estaba indignado y sorprendido. Él sí quería saber que más pasaría.

Manny, al notar su interés, sonrió y entonces le dijo:

—Si tanto quieres saber… Toma, te lo presto —Le extendió el libro a su amigo para que lo tomara. Tanu se quedó mirando el libro, dudaba de si debía tomarlo o no—. Vamos, agárralo, ya me lo devuelves cuando lo termines.

Entonces, Tanu agarró el libro.

Aun sentado en el suelo, Tanu observó cómo Manny se iba. Cuando estuvo solo, abrió el libro y comenzó a leer con lentitud. En pocos minutos, Tanu se hallaba sumergido en un mundo nuevo en donde su imaginación le daba forma, color y rostro a la historia. Mientras leía pasaban las imágenes por su mente como si estuviese viendo una película, ¡era increíble!

El ruido del timbre del recreo sonó, sacando a Tanu de ese mundo en el que había entrado. Cuando volvió a la realidad se impresionó, nunca pensó que un libro podía ser tan entretenido.

El monstruito se puso de pie de prisa con el libro y el balón en las manos al ver a todos regresar a los salones. Quería seguir leyendo, pero tendría que esperar para saber que pasaría con el guerrero.

Cuando Tanu estuvo al fin en su casa se dispuso a continuar con la lectura.

Le había gustado tanto el libro que se pasó horas leyendo hasta que lo terminó.

Si tienes curiosidad, el final había sido feliz, ya que el guerrero había derrotado al ogro y había salvado a su familia. 

Para Tanu ese libro había sido una revelación, algo nunca antes visto ¿libros con historias tan increíbles? no se lo había imaginado.

Entonces, se preguntó si habría más libros como ese, así que sin perder tiempo le dijo a su mamá que quería visitar una librería. Mamá monstruo estaba ocupada, pero se sorprendió mucho de la petición de su hijito, así que decidió llevarlo de inmediato a la librería más cercana. 

Cuando estuvieron en la librería, Tanu se fijó en que había demasiados libros de muchos tipos con historias muy interesantes. Al final, le gustaron mucho dos libros, pero solo podía comprarse uno con sus ahorros, por ello, su madre decidió regalarle el segundo libro. 

¡Estaba muy feliz! 

Al llegar a casa, luego de la cena, Tanu comenzó a leer uno de sus libros nuevos. 

Esta vez el libro lo transportaba al espacio exterior en donde debía derrotar a malos alienígenas que querían conquistar el mundo. 

Cuando llegó la hora de ir a la cama no podía dejar de pensar en las ganas que tenia de que amaneciera para contarle a su amigo Manny el final del libro que le prestó y hablarle sobre la historia que estaba leyendo.

Al día siguiente, en la escuela, Tanu buscó a Manny por los pasillos. Cuando por fin lo encontró lo saludo, le devolvió el libro que le había prestado y entusiasmado le empezó a decir:

—¡Fue increíble la historia!— Tanu le contó con rapidez lo que había pasado en el libro y luego le comentó:—Me ha sorprendido saber que hay libros que son igual o más entretenidos que ver la televisión. Además, he aprendido nuevas palabras y me he dado cuenta que cometo algunos errores ortográficos al escribir, claro, ya no los cometeré más.

Manny sonrió con satisfacción al ver que Tanu había cambiado su forma de ver los libros y la lectura.

—Hasta me han dado ganas de escribir una historia, ¿si la escribo la leerías?—dijo Tanu mirándolo con atención.

—¡Claro que sí!—respondió Manny mientras caminan juntos— ¿Sabías que algunos libros los hacen películas? Si escribes algo increíble podrían convertirlo en una película o serie.

—¡Quééé! —Exclamó Tanu poniéndose las manos en la cara. Tanu estaba muy impresionado, eso no lo sabía.

Desde ese día, los recreos de Tanu variaron, ya que no solo jugaba con sus amigos en el parque o con la pelota, sino que, en algunas ocasiones, se sentaba junto a su amigo Manny a leer un buen libro bajo la sombra de un árbol.

Sin duda, la lectura no solo ayuda a escribir mejor, aprender cosas nuevas o a desarrollar la creatividad, sino que también crea un vínculo con aquellos a los que también disfrutan de un buen libro.

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