Hora del almuerzo – II Parte

Unas horas después, Tanu salió de la sala de detención para irse a casa. Iba cabizbajo por el pasillo, sintiéndose mal por lo terrible que había sido ese día. La maestra Pandy le había dicho que debía aprender a calmar su temperamento ¿pero ¿cómo haría eso? No lo sabía, pero lo que si sabía era que gracias a ese temperamento terminó metido en más problemas que Robby.

 Cuando estuvo fuera del colegio vio a Ikia esperándolo.

—¡Tanu!, ¡Tanu! ¡Tanu!—dijo entusiasmada mientras aleteaba y se dirigía a su encuentro.

—¿Qué ocurre? —preguntó curioso.

—¡Quiero enseñarte a controlar tus emociones! para que así más nunca vuelvas a meterte en problemas como hoy.

—¿En serio? —Se emocionó. Tanu no podía creer lo que escuchaba. ¿Sera que de verdad puede controlar su enojo como le dijo la maestra? ¡Sería maravilloso! —. ¿Y cómo se hace eso?

—Sígueme.

Caminaron hasta el parque donde Ikia tenía preparada una mesa con comida.  Había sándwiches, un tazón con manzanas y peras, galletas de mantequilla, pasta con salsa de tomate y jugo de sandía. Todo eso se veía muy rico. Tanu tenía hambre así que estaba impaciente por probarlo todo.

Ikia le dijo que podía agarrar algo de la mesa y comer. El monstruito emocionado tomó una manzana, pero cuando estuvo a punto de darle un mordisco Ikia se la quitó.

El monstruo empezó a respirar agitadamente e hizo una mueca de enfado.

—¡Espera! —dijo rápido Ikia mientras estiraba su ala— Respira. Si respiras puedes calmarte y si te calmas se irá el enojo poco a poco.

Ikia inhalo profundo y exhaló. Le dijo a Tanu que hiciera lo mismo y eso hizo. Juntos inhalaron y exhalaron lentamente. 

—Me siento mejor—dijo incrédulo Tanu— Quien diera que respirar ayudaría tanto.

Ikia aplaudió de emoción por el pequeño avance.

—Ahora dime porque te molestaste.

Tanu le respondió que le pareció grosera la manera en la que le había quitado la manzana y, además, tenía mucha hambre.

—Muy bien, es importante que sepas por qué estas molesto para poder controlar tu ira—explicó—Y ahora qué sabes el porque te enojas puedes tratar de hallar una solución.

Tanu se quedó algo pensativo. Ikia lo notó y le dijo:

—Por ejemplo, cuando Robby hizo ese desastre con nuestra comida debiste calmarte un poco e ir con la maestra Pandy a que lo regañaran y el limpiara el desastre que hizo o también podías llegar a un acuerdo con Robby en donde aceptas sus disculpas, pero él debía ahora comprarte el almuerzo.

—Ohhhhh, y así no me quedo sin comer—dijo Tanu quien estaba realmente sorprendido.

 Para Ikia ya era hora de otra prueba. Invitó de nuevo a su amigo a que agarrara algo para comer. Tanu miró la mesa detenidamente. Se decidió por las galletas de mantequilla y la mermelada.

—Las galletas sabrán delicioso con esta mermelada—dijo feliz.

Abrió el frasco de mermelada y tomó un cuchillo para untar la mermelada sobre la galleta. Cuando estuvo a punto de comer Ikia lo tropezó para que se le cayera.

Tanu gruñó muy fuerte haciendo volar a las aves que descansaban en los árboles del parque. Esta vez estaba más molesto que antes. ¿Por qué Ikia no lo dejaba comer si ya había entendido la enseñanza? Con esta pregunta en mente se le quedó viendo a la guacamaya con rabia. Al notar su molestia la guacamaya habló.

—Vamos Tanu, tú puedes controlarte. Esto no es algo de solo una vez. Controlar tus emociones requiere mucho esfuerzo y trabajo.

Tanu gruñó y se alejó de Ikia para no hacer nada que empeore todo. Caminó por el parque en círculos para calmarse y cuando su rabia disminuyó un poco pensó.

“La verdad es que Ikia está haciendo todo esto para ayudarme”.

Respiró profundamente tres veces para calmarse. Cuando estuvo totalmente tranquilo fue a donde estaba Ikia.

La guacamaya no se le acercó a su amigo monstruo para que pudiese tranquilizarse solo, así que cuando lo vio regresar a donde ella estaba se puso nerviosa, no sabía de qué humor estaría.

Tanu se detuvo frente a ella con cara seria. Ikia estaba tensa esperando a que hablara.

—Gracias—dijo Tanu mostrando una sonrisa.

El monstruito la abrazó con mucha fuerza que la hizo quejarse. Tanu aflojó el abrazo al notar que la lastimaba con su fuerza. La guacamaya correspondió el abrazo ahora que no la apachurraba.

—Para eso están los amigos.

Al día siguiente en el colegio, Tanu iba tranquilo saludando amistosamente a todos los que se encontraban en el pasillo. Iba con sus libros de matemática e historia entre sus peludos brazos. De pronto, el monstruito sintió que alguien lo empujó, ocasionando que sus libros se cayeron de sus brazos.

Cuando Tanu volteó para ver quien había sido vio a Robby el robot temblando de miedo a su lado.

—Lo- lo si-siento, lo sient-oo tanto Tanu—Tartamudeó Robby a la vez que recogía los libros del suelo para dárselos.

Tanu respiró profundamente antes de hacer o decir cualquier cosa. Pensó en como el empujón de Robby lo había molestado, pero sabía que no lo había hecho a propósito, que solo fue un accidente, así que no había motivo para enojarse con su amigo.

—No hay problema, ¡nos vemos en clase! — Mientras sonreía tomó los libros de la mano robótica de Robby y se despidió con su mano derecha.

El robot exclamó un fuerte “ayyy” al creer que Tanu lo lastimaría, pero al escuchar lo que dijo y ver su sonrisa quedó confundido. “¿Por qué no estaba enojado Tanu?”, se preguntó. La confusión fue remplazada rápido por felicidad pues qué alegría le daba a Robby que Tanu no estuviese furioso y con ganas de reiniciarle el sistema.

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